La Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) conmemoró cuatro décadas de trayectoria artística y cultural del Grupo de Danza Folclórica Jahua Ñan, el primer colectivo artístico conformado por estudiantes en la historia de la institución y hoy un referente nacional de la proyección cultural universitaria.
Fundado el 21 de enero de 1986 por iniciativa estudiantil, Jahua Ñan nació con el propósito de difundir la riqueza cultural del Ecuador, poniendo en valor las expresiones tradicionales de los pueblos indígenas y representando la identidad lojana y nacional en diversos escenarios. Su nombre, que en quechua significa “Camino arriba”, simboliza el crecimiento, la constancia y la consolidación que han marcado su recorrido durante 40 años.
A lo largo de su historia, ocho generaciones de estudiantes han formado parte del grupo, construyendo un legado artístico basado en la disciplina, el compromiso y el amor por la cultura. Gracias a esta trayectoria, Jahua Ñan ha representado a la UTPL y al Ecuador en festivales realizados en Chile, Perú, Colombia, Estados Unidos, España, entre otros países, fortaleciendo la proyección internacional de la universidad.
La conmemoración incluyó una emotiva gala de danza en la que más de 140 bailarines compartieron escenario en una noche que recorrió el paso de los años y rindió homenaje a quienes han sido parte del elenco. En estas cuatro décadas, más de 900 personas, entre estudiantes y UTPL Alumni, han integrado Jahua Ñan, dejando una huella artística y humana imborrable en la institución.
Para Pablo Cueva, exintegrante del grupo, Jahua Ñan es una experiencia que trasciende la danza. Su paso por el elenco marcó su vida, no solo por lo aprendido en el escenario, sino por los vínculos humanos construidos, la confianza compartida y el sentido de pertenencia que permanece intacto con el paso del tiempo. Ser parte de Jahua Ñan, para él, es una identidad que acompaña para siempre.
Desde la mirada actual, Esteban Cordero resalta a Jahua Ñan como un camino de crecimiento personal y colectivo, donde la entrega, el compromiso y el orgullo por las raíces culturales se convierten en pilares de la formación. Integrar el grupo implica poner el corazón en cada ensayo y representación, asumiendo la responsabilidad de portar y honrar la identidad cultural.
Por su parte, Nuve Briceño, UTPL Alumni y exintegrante de la tercera generación, concibe a Jahua Ñan como una verdadera escuela de vida. Más allá de la técnica artística, el grupo fue un espacio de formación en valores como la disciplina, el trabajo en equipo y el respeto por la cultura. El reencuentro entre generaciones ratificó que la danza trasciende el tiempo y fortalece profundamente el sentido de pertenencia.
